Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de la Estrella
Patrona de Coria del Río y Titular de la Parroquia Santa María de la Estrella

EL COFRADE DEL AÑO 2018, D. SEBASTIÁN CORDERO ASIÁN

La designación y reconocimiento del cofrade del Año tiene una singularidad que le denomina y le caracteriza, y no puede ser otra que ser persona de fe y comprometida con nuestra Iglesia porque no se entiende un cofrade sin ser católico, al igual que no se entiende ser seguidor de Cristo sin seguir sus mandamientos y enseñanzas y sin abrazar la Cruz.

El hermano designado por este Consejo General de Hermandades y Cofradías en la que recae este reconocimiento es natural de Coria del Río y nacido un 14 de julio de 1927. Viudo de doña Isabel Salas Japón con quien contrajo matrimonio formando una familia bendecida por nuestro Señor con cuatro hijos: Sebastián, Manuel, Agripina y María. Su vida laboral la dedicó a regentar un pequeño negocio dedicado a los repuestos para automóviles muy conocido en nuestro pueblo. Nuestro Cofrade del Año, es actualmente hermano de las hermandades de Vera+Cruz, Jesús Cautivo y de la Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de la Estrella desde el año 1950. Ha ostentado varios cargos en la Junta de Gobierno de nuestra querida Hermandad de la Estrella, ocupando el cargo de Hermano Mayor  desde el año 2004 al 2008. Actualmente ostenta el cargo de Consiliario 1º y persona de confianza del Hermano Mayor actual,  además de ser miembro de la Adoración nocturna Española.

La persona a la que nos referimos no es otra que nuestro hermano don Sebastián Cordero Asián, el cual este Consejo General de Hermandades y Cofradías de Coria del Río tiene el honor de nombrarle Cofrade del Año 2018 por su ejemplo humilde y  testimonio de vida cristiana y cofrade.

Comentar que el pasado lunes la Junta Superior de este Consejo General, Consejero de su Hermandad, miembros de su Junta de Gobierno encabezada por el Hermano Mayor y familiares, acudimos a su domicilio para notificarle el más que merecido reconocimiento. Sebastián muy emocionado y con lágrimas en su rostro nos transmitió que no era merecedor del mismo. Tras una breve charla entre los presentes alternada con un café, de inmediato nos pidió disculpas. A pesar de su edad y del frío que hacía en aquel gélido momento, él tenía que ir al Sagrario como hace a diario. Cada tarde le podemos encontrar junto al Señor. Con esto ya lo he dicho todo y con estas palabras quiero terminar.